Buenos dias, este relato me toco escucharlo cuando era niño, hace unos 40 años, es un relato de ciudad Lerdo, Durango, lo transcribi a chatgpt para mejorar el tono y la redaccion, pero esta tal y como lo recuerdo. ahora en estas fechas la acequia ya no existe y la granja son casas de fraccionamiento privado.
Los lamentos de la compuerta
Hace muchos años, cerca de la entrada de la colonia La Viña, rumbo a la 5 de Mayo, corría una antigua acequia que llevaba agua hasta las parcelas de Villa Jardín y el parque Las Auras. A un costado se levantaba una vieja casa de aspecto campestre donde vivía una familia que criaba unos enormes gansos, famosos en toda la zona por su feroz carácter.
Quien quisiera acortar camino cruzando el puente de la compuerta tenía que hacerlo con mucho cuidado, pues bastaba acercarse unos metros para que aquellas aves salieran graznando, con las alas extendidas, persiguiendo a cualquiera que se atreviera a invadir su territorio.
Pero los gansos no eran lo único que inspiraba miedo.
Los vecinos más viejos aseguraban que, cuando estaba por morir alguien del rumbo, en medio de la noche se escuchaban los desgarradores sollozos de La Llorona. Su llanto recorría la acequia, rebotaba entre los árboles de moras y se perdía entre los sembradíos, como si anunciara que un alma estaba a punto de abandonar este mundo.
Y cada vez que aquel lamento aparecía, los gansos enloquecían.
Corrían de un lado a otro, graznaban con desesperación y golpeaban el suelo con sus alas, como si pudieran ver aquello que ningún ser humano era capaz de mirar.
Una de esas noches, un conocido borrachito del barrio, de esos que terminaban durmiéndose donde el sueño los vencía, encontró refugio bajo las raíces de un viejo árbol de moras junto a la compuerta.
La mala suerte quiso que esa misma madrugada falleciera un vecino.
Poco después comenzó a escucharse el inconfundible llanto de La Llorona.
El hombre despertó sobresaltado. El lamento parecía venir de todas partes al mismo tiempo. Sin pensar, echó a correr completamente aterrorizado.
En su desesperación cruzó la cerca de la vieja granja.
Los gansos, alterados por la presencia de aquella aparición y por el extraño visitante, se lanzaron sobre él con una furia nunca antes vista.
El borrachito intentó escapar, pero tropezó entre la hierba. Cayó de cabeza contra una piedra y quedó inmóvil.
Lo que ocurrió después nadie pudo asegurarlo con certeza.
A la mañana siguiente solo encontraron manchas de sangre, ropa desgarrada y unos cuantos restos esparcidos entre el pasto. Los vecinos dijeron que los gansos habían terminado el macabro trabajo mientras la Llorona seguía llorando junto a la acequia.
Desde entonces, cuando un habitante de aquel sector está próximo a morir, los más viejos afirman que la noche vuelve a llenarse de presagios.
Primero se escucha el triste llanto de La Llorona.
Después resuenan unos gritos desesperados, como los de un hombre que corre pidiendo ayuda.
Y finalmente, rompiendo el silencio, estalla el salvaje graznido de decenas de gansos invisibles que parecen perseguir para siempre al desafortunado borrachito que jamás logró salir de aquella finca.
Quienes han escuchado los tres sonidos en una misma noche prefieren cerrar puertas y ventanas, apagar las luces y rezar... porque saben que, antes del amanecer, alguien del vecindario habrá partido para no volver jamás