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Con el señor de la app

Mar_sin_sueño

Becerro
Desde
30 Sep 2026
Mensajes
3
Hoy desperté con unas ganas intensas de tocarme, no sé por qué pero recordé una experiencia de más joven, así que mientras la recordaba decidí mejor escribirla para ustedes.


Hace ya años, cuando empezaban las apps de citas, estaba aburrida de los perfiles que me aparecían, ya había salido unas veces con chicos de ahí: quedábamos de vernos, un cafecito, que el cine, o caminar por el parque. Todo tranquilo. Pero ese día decidí cambiar el filtro y mirar en perfiles de hombres de mayor edad, arriba de 40. Debo decir que la mayoría me parecían chistosos, pero no juzgo. De entre tanta solicitud acepté a unos cuantos que su descripción de perfil me había parecido interesante. Así fue como conocí a “Rubén”, recuerdo que rondaba los 50 años, yo para ese entonces tendría unos 22 o 23. Muy simpático el señor, me hizo muy buena plática y estuvimos así toda la mañana. Yo trabajaba en ese entonces por las tardes. Conforme iba avanzando la plática surgieron las preguntas de qué estaba buscando y por qué hablaba con hombres mayores, yo le respondí que pues curiosidad y que estaba aburrida. Que no estábamos haciendo nada malo, solo platicar.

Platicamos de esto y del otro. Y él fue llevando la conversación a su territorio, soltando comentarios en doble sentido que yo seguí de manera pícara.

De pronto soltó la propuesta: Hay que vernos hoy.

Me sentí un poco nerviosa, quizá intimidada, pero después de pensarlo un poco y de su insistencia, acepté. Quedamos de vernos en una placita, que me quedaba un poco de paso hacia el trabajo.

Mientras esperaba que llegara sentía una sensación rara en las piernas y el estómago. Pero entre esos dos lugares, una sensación más parecida al deseo se estaba formando.

Llegó, me saludó con un besito en la mejilla, y solo dijo: estás más bonita en persona.

Cabe decir que hasta donde dejamos el chat, ya habíamos acordado que iríamos directo al hotel, así que me tomó del brazo y nos dirigimos al estacionamiento, me subí al coche y nos pusimos en marcha para allá. Mientras íbamos en camino seguimos la plática, y poco a poco mi nerviosismo se fue pasando. Él era más alto que yo, aunque con mi 1.5 casi todos lo son. Entramos a una villa, y escuché que pidió llevaran unos condones y cerveza. Subimos a la habitación y seguimos platicando. Fue tomando confianza y me empezó a acariciar hasta que empezamos a besarnos. Ese primer beso fue lo que terminó con mis dudas. Continuamos con besos más intensos hasta que nos detuvo un llamado a la puerta..

Era el servicio con las cosas que había pedido. Apenas cerró la puerta, se acercó y me tomó para ponerme de pie. Su fuerza no tenía ningún problema para moverme. Me llevo al tocadorsito y seguimos besándonos, mientras sus manos me recorrían. Me volteó y me puso mirando hacia el espejo. Él se colocó detrás de mí y siguió besando mi cuello y acariciando. Me despojó de la blusa que llevaba y así como estaba los broches de mi bra no fueron problema. Recargó su panza en mi espalda, cubriéndome de esa forma empezó a acariciar mis pechos, jalaba mis pezones y les daba unos pellizcos.

Se quitó la camisa y ahora podía sentir su piel contra mi piel. Pronto sus manos inquietas comenzaron a explorar más abajo, sin embargo la tela de mi pantalón le impedía manipular a gusto. Se detuvo un momento apartándose, yo lo miraba por el espejo, y me encantó su cara de malicia y sonreí perversamente.

Qué hermosa escuincla me voy a comer, dijo.

Te gusto?, respondí

Claro que sí, ya la tengo bien dura.

A ver…

Me tomó del hombro cuando intenté voltearme, y de nuevo recargándose en mí, con una mano despejó mi cabello y me dijo al oído: yo aquí llevo el juego.


Me estremeció. desabrochó mi pantalón y lo bajó hasta el piso para quitarlo por completo. Quedándome únicamente con unas braguitas. Ya así, para sus manos fue más fácil comenzar a estimularme. Besaba el cuello y hasta donde podía de la espalda. Con una mano masajeaba uno de mis pechos y con la otra mano hacía unos movimientos deliciosos en mi vulva, movimientos que ni yo en ese entonces había hecho y se sentían tan bien. Con lo mojada que estaba no tuvo problemas para comenzar a meter sus dedos.

Con una sola mano y haciendo unos movimientos se bajó el pantalón y su calzón. Después de quitarse todo, bajó por completo lo último que quedaba de mi ropa. Ahora solo éramos él y yo, desnudos, y pensé, qué estoy haciendo al mediodía en una habitación de hotel con un señor del doble de edad que acabo de conocer.

Se acercó de nuevo a mí, sentí su verga durísima posarse sobre mis nalgas, yo paraba las nalguitas y dijo: se ve que ya la quieres. Tomó su verga con su mano y la acercó a mi como buscando un acceso, froto un poco la cabeza contra mis labios, yo cerré los ojos como esperando un regalo sorpresa. Me agarró de la cintura, me giró, y nos dimos más besos así, piel contra piel, y yo sentía esa vergota contra mi cuerpo. Mi mano se atrevió a bajar para acariciar su miembro. Me sostuvo de los hombros y me empujo hacía abajo. Yo entendí de una lo que quería y no puse resistencia. De rodillas pude versela mejor, era de un largo promedio, quizá uno o dos centímetros más, y tenía buen grosor. Abrí la boca para comenzar a degustar esa verga que ya deseaba tener dentro, con mis manos lo sujetaba de sus piernas y me ayudaba para tratar de que entrara toda en mi boca, al principio él empujaba con su mano mi cabeza para que me mantuviera ahí, pero después el placer le impedía hacerlo. Al sacarla para tomar aire, le lamía sus testículos mientras recuperaba el aliento para seguir atragantándome. Me tomó del cabello mientras yo seguía moviendo mi cabeza, apretando un poco los labios para atrapar su glande y que no se saliera.

Me jaló del cabello, alcé la vista, y sonriendo le dije: qué pasó? ya te ibas a venir?

No, putita, pero ya te la quiero meter.

Volvimos al tocador, abrió un poco mis piernas, buscó la entrada de mi vagina con su verga y una vez que la halló entró de golpe. Solo pude dar un leve quejido. Colocó sus manos en mi cintura para sujetarme y empezar a bombearme. Yo ya quería sentirlo dentro en esa posición y él lo sabía. Mientras entraba y salía me me jalaba del cabello, besaba mi cuello, yo volteaba la cabeza para poder besarnos. Una imagen que nunca olvidaré, mi cara de placer y deseo frente al espejo, con el cuerpo de ese macho detrás de mí y su verga dentro.

Salió de mí. Me tómo de la mano y se acostó en la cama. No tuvo que pronunciar una sola palabra. Yo me subí encima de él y con mi mano puse su verga en mi vagina lista para recibirlo de nuevo. Me dejé caer y empecé con unos movimientos de cadera que se sientan riquísimos. En esa posición tuve un orgasmo que me hizo perder el equilibrio. Me sujetó de las caderas y comenzó ahora él a llevar el ritmo, entraba y salía freneticamente hasta que terminó. El condón estaba muy lleno que me sorprendí. Me dijo que había pasado tiempo desde la última vez que había eyaculado.

Le quité el condón y le mamé su pene un poco más flácido ahora, sentí el sabor de su semen por las últimas gogitas que salían. Seguimos platicando un rato, y yo miraba de repente el espejo reflejanando nuestros cuerpos sin ropa posados en la cama. Mi mano nunca dejó de acariciar su pene. Pasados unos 10 minutos o un poco más, y con unos lengüetazos su miembro se volvió a poner duro.

Habíamos quedado que solo un rato, yo entraba a trabajar a las 3 y ya eran casi las dos. Él solo sonrío y me dijo: hoy no vas a ir a trabajar princesa. Acabando de decir eso empujó mi cabeza hacia su verga e instintivamente comencé a chuparsela. Efectivamente, ese día no fui a trabajar.

Espero les guste esta aventura porque hay continuación...
 
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